Se destacó un tiempo como Chef en importantes restaurantes de Estados Unidos y Europa.

Como es el caso de muchos colombianos, Oscar Rosas, se dejó seducir por el mundo de la drogadicción. Empezó consumiendo marihuana en la ciudad de Bucaramanga, pero en vista de la situación por la que atravesaba, lo sacaron de la ciudad y él escogió irse a vivir Estados Unidos, donde continuó consumiendo sustancias alucinógenas.

Debido a que no mejoró y llegó a robarle a sus amigos y familiares, perdió su matrimonio, se alejó de la familia, los amigos y el trabajo. Regresó a Colombia y cayó en lo más profundo e inhumano del Bronx, un lugar ubicado en la ciudad de Bogotá, considerado en su momento el lugar más peligroso de todo Colombia, donde convivían desde narcotraficantes hasta indigentes y drogadictos.

En el Bronx, lo obligaron a comer carne humana o de lo contrario lo matarían; se volvió costumbre para él como carne humana tres veces al día. Cansado de la vida que llevaba, intentó quitarse la vida, sin embargo, la policía lo salvó.

Actualmente, es un hombre rehabilitado, arrepentido y renovado que dedica su vida a sacar de las drogas a habitantes de calle, según él, con un arma poderosa: el rosario. Ahora desde la fe y el amor, da su testimonio de vida y resiliencia.