Ante la situación actual, el ritual que da inicio a la cuaresma deberá modificarse en forma, mas no en esencia.

Para cumplir con las medidas de bioseguridad, no se hará la marca en la frente del feligrés, evitando así el contacto directo entre él y el sacerdote. 

En su lugar, se dejará caer ceniza seca sobre la cabeza de quien desee recibir este signo que antecede la semana más importante para los católicos del mundo.

De esta manera, la imposición de la ceniza se haría de la siguiente manera: primero se bendice la ceniza,  luego se mezcla con agua bendita; enseguida, se realizan las oraciones tradicionales por parte de los presbíteros; el padre esteriliza sus manos y se pone el tapabocas, pide a los feligreses que se acerquen en fila, tomará la ceniza y la dejará caer en la cabeza de cada uno sin mediar palabra.

Por Fabián Morales Gómez