Juan Gabriel Espinel, el deportista paraolímpico, perdió la vista a sus 22 años, y a pesar de sus miedos, hoy en día ha llegado a casi todos los rincones del país, gracias a su habilidad en la bicicleta.

Juan Gabriel Espinel perdió su vista y su esperanza cuando los médicos le anunciaron su nueva condición de salud, luego de haber sido víctima de una explosión al interior de una cueva, en San Gil, Santander.
A sus 22 años, era uno de los jovencitos más populares del municipio. Trabajaba como guía turístico y un día su jefe le pidió ayuda para estallar unas piedras en una construcción.

El día de la tragedia había iniciado con el registro de un fuerte aguacero en San Gil; uno de sus compañeros en el turismo le pidió que en vez de ir a la explosión se quedara con él para terminar de pintar algunos botes, pero el joven no aceptó y se dirigió camino a su desgracia.

Su trabajo debía hacerse con el más mínimo cuidado para no causar una emergencia, pero al activar el explosivo en la roca, ésta estalló afectando al joven Espinel.

“Me tocaba meterme a un hueco a conectar, yo estaba concentrado en mi cuento, entonces alguien gritó cerca de donde estábamos, cerca de la carretera, y la otra persona pensó que yo le había gritado y fue cuando todo explotó”, comentó Juan Gabriel a un medio nacional.

En un principio, el deportista santandereano se sentía “inservible”, pero su amor por el deporte que descubrió desde los 14 años, lo encaminó a tener una mente positiva y a ser ejemplo para otros.

Juan Gabriel continuó su lucha, su perseverancia; no se rindió y tocó puertas en el ciclismo como nunca lo imaginó. En 2017 comenzó el triatlón para ciegos, y decidió prepararse para esta disciplina que hoy en día lo tiene alcanzando logros y medallas, para darle felicidad a su esposa e hijos.

Por el momento, sueña con terminar su travesía en bicicleta por toda Colombia, para así llegar algún día a recorrer Sudamérica, y continuar su camino hacia unos Olímpicos.

Por Silvia León Sisa.