¿Cómo viven quienes tienen ceguera facial?

sin distinguir rostro ceguera facial dibuja
Foto: El Confidencial

Carlotta dibuja autorretratos sin poder distinguir su rostro ni el de alguien más por su condición de prosopagnosia, ceguera facial.

Pese a que no puede distinguir o reconocer ningún rostro, ni el propio, Carlotta es una artista alemana que pinta autorretratos, con solo seguir los contornos del rostro con una de sus manos. 

Sin embargo, ha decidido contarle a BBC Mundo su testimonio de vida al tener prosopagnosia, también conocida como ceguera facial, una condición que no le permite recordar rostros, pues el cerebro no es capaz de interpretar la información que obtiene de la vista. 

El camino para notar que tenía esta condición fue considerablemente largo, cuando era pequeña pensó que su madre tenía un don para reconocer a otras personas, el cual ella no tenía. 

Lea también: A sus 90 años un abuelo decide contar que es gay

Carlota / Foto: Corso Film

“Cuando iba de compras con mi madre o iba al médico, veíamos a personas que mi madre reconocía claramente, pero yo no tenía ni idea de quiénes eran”, cuenta Carlotta al medio.

Así que en medio de ello, trató de enfocarse en cómo las personas usaban la ropa y accesorios, e incluso como caminaban, respiraban, sonaban y se movían. Una técnica que aún usa para poder identificar a las personas. 

Pero esta manera de hacerlo no fue muy útil durante la época del colegio, en donde todos eran iguales para ella, hasta sus maestros. “Fue realmente difícil, porque me di cuenta de que ese don de distinguir los rostros de otras personas que mi mamá tenía, los demás niños también lo tenían”, dijo al medio.

Lea también: Niño de 11 años se vuelve viral y gana beca de ballet en Nueva York

Autorretrato de Carlota / Foto: Carlotta

Por más que intentó de mil maneras reconocer los rostros a través de listas, no fue posible, algunos maestros se la quitaban, pero ella seguía aferrada de que se trataba de una habilidad que con el tiempo podría adquirir.

“A menudo entraba a la clase equivocada y no me daba cuenta hasta que llegaba al aula equivocada. Y obviamente, si una niña no logra reconocer a sus compañeros, es porque debe ser estúpida”, añadió.

Alejada siempre de cualquier contacto social que no fuera de su familia, a lo largo de su vida decidió renunciar a muchas cosas, como ser moza de caballos.

Foto: Corso Films

Pese a ello, llegó a trabajar como conductora de camiones, mezcladora de cemento, operadora de cine. Hasta que años después decide comprar un barco y navegar alrededor de la costa australiana. 

Llegando a descubrir la condición que tenía a la edad de 40 años, cuando regresó a Munich, Alemania. 

“Ojeaba las páginas y me encontré con la palabra prosopagnosia. Me gustan las palabras inusuales así que seguí leyendo. Describían una condición a la que llamaban ceguera de rostros”, recuerda Carlotta.

Foto: Corso Film

Un momento liberador, tras darse cuenta de que era una condición genética y no un problema de concentración. 

Aunque no llegó a compartir la gran noticia con sus padres porque ya habían muerto, Carlotta está jubilada y feliz haciendo lo que más le gusta, dibujando. 

“Mi arte es una necesidad para mí. Necesito sentir mis retratos y ponerlos sobre el papel una y otra vez. Veo mi rostro y no lo recuerdo. Lo busco y al momento desaparece. Es un proceso continuo que no tiene fin”.